Caibarién y sus leyendas marineras.

Los pueblos de las costas de Cuba, están llenos de leyendas marineras, que se van contando de generación en generación. Gracias a la elocuencia y la forma de contar historias de los pescadores, estas leyendas han llegado a nuestros días y no dejan de ser interesantes y misteriosas. Siempre en las leyendas se combina un poco de realidad con imaginación.

Todos los nacidos en Caibarién y en especial los que viven en el barrio de Puerto Arturo, han escuchado de sus ancestros o de cuentacuentos populares, que abundan mucho en nuestro pueblo. Estas leyendas han enriquecido la historia de nuestro terruño.

El tesoro del pirata.

En épocas de la pirateria, Caibarién era puerto recurrente de estos aventureros . En estas costas anclaban los barcos piratas para atacar a la villa de San Juan de los Remedios, en busca de aguas y suministros y de ahí partir para hacer sus saqueos.

De uno de estos atracos vandálicos nació la leyenda de “El tesoro del Pirata” , cuenta como un pirata logró escapar con un cofre lleno de joyas y monedas de oro, y quiso enterrarlo a los pies de una Ceiba, que se encuentra en la avenida Cespedes, entre las calles Padre Varela y Falero, en Caibarién y que aún existe.

Como el cofre era muy pesado, el pirata obligó a un negro esclavo a cargarlo y enterrarlo entre la raices de la Ceiba, al terminar el duro trabajo, el pirata decapitó en el lugar del enterramiento al esclavo.

Cuenta la leyenda que en las noches de Luna llena, en los alrededores de la Ceiba, se ve vagar como alma en pena la cabeza del esclavo negro degollado por el pirata.

Como es de suponer, siempre hay algunos atrevidos, haciendo caso omiso a esta historia y con pico y pala buscan en las raíces de la Ceiba desesperados El tesoro del pirata sin resultado alguno.

El canal de los rusos, otra de las leyendas marineras de La Villa Blanca.

Entre los caibarinenses hay una historia, que se convirtió en una de las leyendas marineras. Después de terminada la guerra en contra de España, vinieron a Caibarién dos cartógrafos que hablaban muy extraño. No eran norteamericanos que en esa época se veían muchos que llegaban al Puerto procedentes de Pensilvania.

Desde su llegada a la villa, los extranjeros trataron de encontrar a un patrón de barco experimentado de la flota pesquera y lo lograron. Buscaban un canal que según sus mapas existía en Cayo Fragoso y salía a aguas internacionales.

El espectro patrón en canales y canalizos, cayos y playas, aseguró no conocer dicho canal, que se apreciaba en los mapas mostrados por los extranjeros. Entonces el patrón a listo su barco de pesca y subió a bordo junto a los individuos, llegaron a Fragoso y empezaron a buscar pegados a la costa. 

Después de varias horas de búsqueda, ya el patrón empezaba a burlarse de los extranjeros cuando uno de ellos, el más viejo, mandó a detener la embarcación, más con gestos que con palabras. Súbitamente bajó a tierra con un machete y empezó a cortar la maleza, al poco rato, descubrió una ancho y limpio canal silencioso, lleno de peces y avanzando por el cana si se llegaba a aguas internacionales.

Nadie supo por qué los misteriosos hombres buscaban el canal, lo único que se conoció es que eran rusos blancos, y hasta dejaron alguna descendencia en Puerto Arturo.

Con la misma rapidez que llegaron a  Caibarién, así se fueron y entonces empezaron los comentarios: que si rastreaban tesoros, que sí eran geólogos buscando minerales o cartógrafos tras una ruta  más cerca para llegar a Miami.

Todo quedó en el misterio, pero desde entonces al famoso canal se le llama el Canal de los Rusos Blancos y su historia forma parte de la literatura de la Villa Blanca.

Cayo La Brujas, una de las leyendas marineras de La Villa Blanca.

Esta es la historia de Pepe , un pescador de Caibarién que como tantos vivía en la Cayería Norte, para ser exacto en  Cayo Santa Maria. La tranquilidad del laborioso pescador terminó cuando, su única hija se enamoró de un joven de un cayo vecino.

El celoso padre se opuso con todas sus fuerzas al noviazgo, incluso incitó a sus hijos a sumarse a la causa. Tal era la situación familiar, que en varias ocasiones llegaron a utilizar el maltrato y cautiverio en contra de la muchacha.

Los jóvenes enamorados, crearon una estrategia en contra de su rechazo familiar. Para lograrlo acordaron correr el rumor de que uno de los montes del cayo se veían fantasmas y se escuchaban sonidos tenebrosos. Para así tener un lugar para sus encuentros amorosos.

Al principio las personas no creian esa historia. Con el paso del tiempo la mayoría de los habitantes del cayo evitaban adentrarse en el supuesto sitio maldito, donde sucedian hechos extraños. 

En varias oportunidades la hija de Pepe fue vista, al atardecer, caminando por el espeso monte. La joven por su puesto iba a encontrarse con su amante. Entre los supersticiosos la muchacha cogió fama de tener poderes mágicos, y desde entonces se hizo acreedora de la fama de bruja.

A pesar de todos los comentarios, los amantes eran felices y viven a plenitud su amor. Hasta que un día los hermanos de la muchacha descubrieron todo y acordaron vengarse, embriagaron al novio para que no fuera a la cita. Y cuando estaba bien ebrio, lo llevaron a la playa y lo dejaron tirado bajo una fuerte tormenta.

Esa tarde, el muchacho no acudió a la cita. Cuando pasó la tormenta, desesperado corrió en busca de su amante. El joven buscó por todas partes pero sin éxito, la muchacha había desaparecido, ya estaba cansado de buscar cuando vio frente a él una hermosa bruja que lo miró con tristeza para después desaparecer.

 

Durante muchos días, todos buscaron a la chica. El joven por su cuenta, al igual que su padre Pepe y sus hijos pero nunca apareció. Nunca se resignaron a la idea de perderla, la buscaron por tierra y por mar sin ningún resultado. La joven había desaparecido misteriosamente sin dejar rastro alguno, como si fuera por arte de magia.

 

Los pescadores y su familia con el paso del tiempo, comentaban que la hija de Pepe, tras la angustia por la espera de su amante convencida del abandono de su novio, entregó su alma a las brujas, que habitaban en el farallón cerca  del monte, convirtiéndose en una de ellas.

La leyenda creció cuando, cada atardecer el joven enamorado bajo los efectos del aguardiente se adentraba en el monte y pasaba toda la noche ahí, al otro día cuando regresaba juraba que había visto a su novia y conversado con ella y nadie le creía.

Así pasó todos los días el joven enamorado hasta su muerte, se le veía andar dando tumbos con su borrachera y entrar en el mítico lugar. Muchos afirmaban que se escuchaban cantos y risas y de tarde se veía volar una bruja sobre el monte.

Gracias a la rica elocuencia de los hombres de mar, la triste historia de los amantes paso de boca a oído, de generación en generación hasta convertirse en leyendas marineras, y gracias a estos mitos de pescadores de Caibarién fueron bautizados como Cayo Las Brujas y Cayo Borracho.

Estas son solo tres historias de nuestro pueblo, que atesora una gran riqueza en leyendas marineras y tradiciones, gracias a todos esos cuentacuentos anónimos que nunca han dejado que el paso del tiempo olvide estas leyendas de pescadores de nuestra Villa Blanca.

5/5 - (1 voto)
Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest
Pocket
WhatsApp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No Pierdas Noticias o Historias Importantes. Subscríbe a Nuestras Newsletter.

Recomendado
Cuando niño me encantaba  escuchar las historias de mi abuelo,…
Cresta Posts Box by CP