Olga la Tamalera. Los pueblos de Cuba se caracterizan por personajes muy pintorescos, que forman parte de la cultura local.

La historia de la cubana  Olga la Tamalera.

Los pueblos de Cuba se caracterizan por personajes muy pintorescos, que forman parte de la cultura local, este es el caso de Olga la Tamalera, una cienfueguera que en los años 50 paraliza las calles de La Habana con sus pregones.  

Su nombre de pila era Olga Moré Jiménez natural de Cruces, Cienfuegos y radicada en el barrio habanero de Los Sitios, para poder sobrevivir tuvo que tomar una decisión trascendental. A Olga la vida le puso duras pruebas en su camino, siendo el fallecimiento de su esposo una de las más duras. Olga había enviudado y sobre sus hombros recayó la responsabilidad de sacar sola adelante a sus hijos y a su madre anciana. 

La historia de Olga la Tamalera, una cubana con una gran fuerza de voluntad.

Una de esas mañanas en las que uno siente que el mundo se le viene encima. Olga comprendió que lamentarse por su mala suerte no iba a poner comida en su mesa y sin saberlo la solución a su dilema estaba delante de sus ojos.  

Mirando el fogón se dio cuenta que el sustento de ella y su familia estaba en hacer tamales cubanos, para su suerte en aquella época era un oficio que no había sido muy explotado. Jaba en mano y con sus últimos ahorros salió en busca de maíz con la confianza absoluta que había tomado la decisión correcta.

Después de regresar del mercado  preparó sus primeros tamales y a partir de entonces nunca más pudo dejar de hacerlo, pues estos tuvieron una gran demanda, tan famosos fueron que pasaron a la historia en pregones, canciones y hasta décimas.

Olga la Tamalera, comenzó a vender tamales cubanos en la esquina de Prado y Neptuno. Producto de la calidad de los tamales, la hizo rápidamente muy popular y atrajo a los talentosos músicos Felix Reina Y Fajardo quienes compusieron el chacha  “Olga la Tamalera”, el cual se mantuvo como éxito musical durante mucho tiempo en la isla. 

La orquesta Aragón en la década de los años 50, incorpora a su repertorio la canción con mucho ritmo  y enseguida se popularizó en todas las vitrolas y emisoras de radio de la Habana y en su parte melódica decía: “Me gustan los tamalitos / los tamalitos que vende Olga / pican no pican / los tamalitos que vende Olga, Olga”.  

Según declaraciones de la misma Olga ella era la única negra que vendía tamales cubanos en las calles de La Habana. La gente se reía de mí y algunos hasta me decían cosas. En la calle los vendía a 10 centavos y en las fiestas a 25, tenía que sobrevivir y pagar el alquiler del cuarto donde vivía. Cuando Olga preparaba y cocinaba los tamales en ese momento prefería hacerlo sola, pues la receta era y seguirá siendo un misterio para los cubanos.

Olga Moré Jiménez y su vida religiosa.

Pocos conocen sobre la consagración de Olga a la Santería Cubana, pero sí se sabe que fue una gran devota de Obbatalá, la Virgen de Regla y la Caridad del Cobre. Olga siempre se vestía con ropa blanca haciéndole homenaje a la Virgen de las Mercedes, Santa con la que fue sincretizado en Obbatalá orishas dueño de todos las cabezas y de la inteligencia humana.

Olga la Tamalera, contó en una ocasión que fue la fe en sus santos la que le dieron la fuerza necesaria para poder sobrevivir y sacar a su familia de la pobreza, cuando se quedó sin el sustento de su esposo.   

Olga Moré Jiménez mejor conocida como Olga la Tamalera.

Olga nació en Cuba el 23 de mayo de 1922, tuvo cuatro hijos y numerosos nietos y bisnietos y hasta un tataranieto, le gustaba el son y la rumba,. Con su fama de tamalera le callo la boca a muchas personas y hasta el salsero Oscar de León quiso conocerla cuando visitó Cuba. 

Olga la Tamalera es un ejemplo de cubanía y como la mujer cubana se levanta antes las adversidades, esta mujer no solo solucionar su situación económica en su momento, sino que sin proponérselo le dio sabor a La Habana y sobre todo a la isla. 

Olga falleció en el 2007 en La Habana, a la edad de 85 años, pero su recuerdo está presente en la memoria de los cubanos y su emprendimiento se transmite de generación en generación de los residentes de la isla.     

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